sábado, 9 de abril de 2016

Cáncer y nivel socioeconómico.


A pesar de que el nivel socioeconómico de las personas no tiene ninguna relación con el riesgo de padecer cáncer, existen algunos autores que se han dedicado a investigar sobre la relación entre el nivel socioeconómico y el tipo de cáncer que se padece, así lo explica Mohar, Frías, Suchil, & Mora (1997), “Los cánceres más frecuentes en los países denominados del primer mundo son los de mama, colon y recto, pulmón y próstata. En contraste, en países pobres o del tercer mundo, el cáncer de cérvix uterino, estómago, esófago, faringe y el hepático presentan las más altas tasas de incidencia”.
Además un estudio realizado por un equipo de investigadores del Registro del Cáncer del Estado de Nueva York (Romero, 2014), realizó una comparativa de las personas que viven en zonas de más pobreza con las que vivían en otras áreas más favorecidas, obteniendo que “Los tipos de cáncer más asociados con la pobreza tienen menor incidencia y mortalidad más alta y los relacionados con la riqueza tienen una mayor incidencia y mortalidad más baja; cuando se trata del cáncer, los pobres tienen más probabilidades de morir de la enfermedad mientras que los ricos son más propensos a fallecer con la enfermedad”.
Podemos así, explicar que estos resultados influyen en el acceso y la calidad de los servicios de salud, a la educación de la población para la detección temprana y al cambio de hábitos para disminuir la exposición a agentes potencialmente carcinógenos, aunado a la creciente exposición a sustancias y químicos en los alimentos, y las creencias respecto al tratamiento adecuado de enfermedades, lo cual se aplica en México ante la cantidad de procesos inadecuados para la mejora, mediante el consumo de tés o medicamentos naturales, que pueden retrasar la exposición de los síntomas del cáncer.
De aquí la importancia de la prevención en zonas rurales y el control de alimentos transgénicos en áreas urbanas, con el fin de dar a conocer las causas y el tratamiento adecuado con una psicoeducación en todo el país.

Elaborò:

Bibliografía

Mohar, A., Frías, M., Suchil, L., & Mora, T. (1997). Epidemiología descriptiva de cáncer en el Instituto Nacional de Cancerología de México. Salud Pública de México, 1-6.
Romero, S. (2014). Muy Interesante. Obtenido de http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/el-nivel-socioeconomico-interviene-en-el-tipo-de-cancer-que-se-puede-desarrollar-991401191493

La muerte y el Psicoanálisis.


“La posibilidad de enfrentar la muerte propia siempre ha sido una difícil tarea para el ser humano. Como efecto de su desamparo, la necesidad de considerar eternamente alejado el fin, lo lleva muchas veces a que se torne imposible el poner en palabras la compleja red de afectos y representaciones que lo invaden cuando la confirmación de un diagnóstico se le impone” (Fulco, 2002).
Inclusive hablar de la muerte ajena y más aún de un ser querido conlleva repercusiones en el sujeto que se expanden en todo su contexto social (familia, amigos, trabajo, vecinos, etc.). Actualmente la muerte se manifiesta y se trabaja de modos diferentes, anteriormente se realizaban rituales propios de cada religión, familia o cultura, hoy en día sin embargo en algunas sociedades estos rituales se han convertido en obligaciones, trámites que nadie quiere hacer y cargas emocionales que todos quieren olvidar, e incluso el llanto, la angustia, ansiedad, el miedo es dudoso, ¿se siente tristeza por la persona amada que nos abandona o por el miedo que tenemos de la muerte propia? Como menciona Fulco (2002), “el hombre ha logrado figurar la muerte de maneras tan diversas: el horror, la belleza, la bienaventuranza, el pasaje a una vida mejor, son algunas de las formas en que ha intentado cercar la que sigue siendo una de sus esenciales angustias”.

Para el psicoanálisis el duelo significa “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.” (Freud, 1993).  Esta pérdida, dice, puede ser expresada o no, con melancolía moderada y explica también que el duelo transforma a las personas que lo están viviendo, por lo tanto conlleva varios síntomas que alteran su conducta normal, ya que no se considera un estado patológico no se recomienda asistir a ningún tratamiento ya que se entiende que pasado cierto tiempo éste duelo se superará y se considera muchas veces inoportuno y aun dañino perturbar a las personas en este estado, con la creencia de que es puramente una experiencia personal e individual.

La muerte desde esta corriente psicológica es, haciendo un resumen, la pérdida de nuestro objeto amado, la pérdida del enlace (libidinal) que hacemos con la persona que escogimos, es saber que ya no existe y no va a estar nunca más y no está en ningún lugar ubicable. Si se lo busca en la tumba, desenterrándolo y llevándoselo consigo, estaríamos en la psicosis (García, 2009).
Uno de los rituales mayormente practicados, que ayudan a que los dolientes puedan llevar a cabo el proceso de duelo es el entierro del ser querido, un lugar físico en donde expresan y depositan simbólicamente la fantasía de un reencuentro; una lápida que testifique que su ser amado existió y además que no se ha desvanecido del todo, sin embargo el cadáver no es lo real del objeto querido, es su resto (García, 2009).
Para finalizar y dando respuesta a la pregunta planteada anteriormente, considero que de acuerdo a la información encontrada, para el psicoanálisis la muerte de una “ser querido”, nuestro duelo, nuestra tristeza, la angustia y la ansiedad es, una herida narcisista propia, es la expresión del miedo a no ser nada, al momento de la extinción personal, es ver reflejado el resultado de nuestras vidas, nos duele saber que alguien más murió, claro, porque es con quien tuvimos experiencias, porque compartimos momentos, porque nos acostumbramos quizá a esa persona; sí, pero más allá de todo esto, nos duele porque en ese momento (en la muerte de otra persona), es cuando nos dedicamos a repensar nuestra propia vida, los resultados, las pérdidas, lo que dejaremos cuando nosotros no estemos en el mundo, queremos dejar huella y ser relevantes para todos quienes nos conocen, cuestionamos si las cosas que estamos haciendo son las correctas, si nos mereceremos el perdón de aquellos a los que hemos dañado, si nos lloraran en nuestro funeral, si nuestra vida ha valido cada segundo y cada respiro, pensamos en mejorar y crecer egoístamente, frente a la tumba de alguien más.


Elaborò:



Bibliografía

Freud, S. (1993). Obras completas tomo 14: Duelo y Melancolía. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Fulco, C. (2002). Duelo por la propia muerte: ¿duelo posible? Revista Uruguaya de Psicoanálisis, 92-100.
García, J. (2009). La muerte y el objeto. Revista Uruguaya de Psicoanálisis, 90-107.
Gerez, M. (2005). El incurable luto en psicoanálisis. Psicología em Revista, 179-187.

                                                                                          

CÀNCER ENFERMEDAD DEL SIGLO XXI

El cáncer es una enfermedad que ataca las células del cuerpo generando que se dividan sin detenerse, provocando un deterioro de las células que se encuentran alrededor, es común escuchar de personas que padecen de cáncer, y de distintos tipos del mismo pareciera que se está hablando de algo común y normalizado, sin embargo estamos tocando un tema alarmante ya que pareciera que se habla de una epidemia, que se ha ido expandiendo en los últimos años, pero habría que pensar ¿Qué está sucediendo a nuestro alrededor para que esto ocurra?
Se puede desarrollar cáncer por factores como fumar, consumir alcohol en exceso así como también el estar en contacto con químicos cancerígenos como  amianto, arsénico, benceno, cadmio, mercurio, níquel, plomo, hidrocarburos clorados, naftilamina, son algunos de los agentes con actividad carcinogénica más usuales, así como también agentes físicos como  las radiaciones ionizantes (rayos X), rayos ultravioleta del sol y las radiaciones que emite la propia corteza terrestre (radón), incluso los accidentes nucleares como es el caso de las fugas producidas en centrales nucleares.
Nos encontramos en un contexto en su mayoría tóxico, que inclina al ser humano a que su existencia cada día se vuelva más precaria, por lo que esta enfermada se ha vuelto un índice importante de mortalidad, a pesar de que se ha trabajado mucho en este tema hay muy pocos avances al respecto, de alguna forma pareciera que estos fenómenos epidemiológicos propician que el índice de la población disminuya y se genere un control natal, habría que pensar si las generaciones venideras se están adaptando a este contexto tóxico, lo cual implicaría un proceso de selección natural permeado por la supervivencia del más apto, lo cual significaría un punto crucial en la evolución humana y la lucha entre su permanencia o desaparición.


Elaborò:






Imagen tomada de:
http://www.poblanerias.com/2014/11/aseguran-que-el-cancer-podria-convertirse-en-enfermedad-cronica/ 09/04/2016 a las 10.57



miércoles, 6 de abril de 2016

Duelo patológico en cuidadores principales


El cuidador principal, interlocutor de la familia del enfermo, es la persona que se hace cargo de la mayoría de las atenciones físicas y emocionales que precisa la persona enferma en fase terminal, por tanto su rol es importante y es fundamental identificarle, ya que probablemente facilitará la intervención del equipo, al asumir las tareas que le corresponden (Blanco, y otros, 2007).
En muchas ocasiones estos cuidados y atenciones hacia el enfermo se torna en sentimientos de obligación, exclusividad (por la falta de apoyo), soledad, abandono, enfermedad e inclusive enojo o culpa.
Ya que los cuidadores principales ofrecen a la persona enferma ayuda en todos o la mayoría de los aspectos y actividades diarias; viven en una situación de desgaste emocional, físico y mental, derivando en afectaciones en las áreas vitales de la persona como problemas familiares, mala alimentación, falta de sueño y agotamiento diario.
Estos padecimientos no llaman la atención del cuidador, ya que su principal preocupación es el enfermo y no lleva un tratamiento adecuado para sí mismo se genera la probabilidad de que este cuidador principal ante la falta del enfermo (principalmente después del fallecimiento), se convierta en un enfermo secundario, debido al desgaste que sufrió y a la mala atención que le otorga a sus propias demandas de autocuidado. En estos casos aumenta la probabilidad de padecer un “duelo patológico”, lo que quiere decir que el proceso del duelo se extiende por un tiempo más prolongado y con mayor intensidad que en el proceso de duelo normal.
Los cuidados paliativos revelan su importancia en este duelo patológico de manera preventiva, ya que se ayuda al bien morir y a que la familia del enfermo no sufra un desgaste excesivo haciendo partícipe a todos los miembros involucrados con el proceso de la enfermedad y no únicamente a una sola persona.

Bibliografía.

Blanco, L., Librada, S., Rocafort, J., Cabo, R., Galea, T., & Alonso, M. (2007). Perfil del cuidador principal del enfermo en situación terminal y análisis del riesgo de desarrollar duelo patológico. Medicina Paliativa, 0.



Elaborò:

lunes, 4 de abril de 2016


El trabajo del psicólogo en pacientes con cáncer.


Enfrentarse a un diagnóstico de cáncer es una de las situaciones más difíciles, estresantes y temidas en la sociedad actual. Pocas enfermedades originan tantos problemas psicológicos. Esto es así porque en el cáncer se dan una serie de circunstancias que, por sí mismas, son generadoras de malestar psicológico: su cronicidad, la incertidumbre ante su evolución, los efectos secundarios de los tratamientos y el significado social de la palabra cáncer (Alonso & Bastos, 2011).
Los principales objetivos del tratamiento psicológico ante esta enfermedad, además del estudio de los modos de afrontamiento, son la utilización de técnicas terapéuticas para mejorar la calidad de vida del paciente. En ocasiones cuando la enfermedad se encuentra en una etapa terminal se busca principalmente, como lo especifica Sanz (1986 citado por Barreto & Bayés, 1990), que esta situación sea una etapa natural de la vida y no la prolongación de una agonía. 
Por otra parte el trabajo del psicólogo lo describe Llantá, Grau, & Massip, de la siguiente manera: La situación de enfermedad coloca a la persona en una lucha continua, entre estudios diagnósticos y tratamientos casi siempre agresivos, entre buenas y malas noticias y entre la esperanza de vivir y la de morir; por lo que la mera sospecha de la presencia de síntomas y signos de cáncer, ya justifica la proyección de intervenciones psicológicas en este tipo de personas. El sólo hecho de tener contacto con una institución cancerológica o con indicaciones de pruebas diagnósticas que puedan conllevar a asumir que se tiene este padecimiento, implica riesgo o vulnerabilidad emocional.
El proceso del paciente resulta en especial desgastante como anteriormente se explica,  ya que supone una ruptura del mundo interior de la persona, esto quiere decir que provoca la experiencia de la propia limitación e interrumpe la realización del proyecto personal de la existencia humana (Alonso & Bastos, 2011), es por tal motivo que se expone a la persona a verse, en muchas ocasiones, con cierto grado de simplicidad, la vida que ha llegado a su fin y se ve, a sí mismo, minúsculo, vulnerable e incluso ignorante del futuro, sin poder tener el control de lo que acontecerá una mejora o empeoramiento de su situación y muchas veces solo.
Esto además de ser objeto de las cargas sociales naturales de la enfermedad. El pensamiento inmediato al escuchar la palabra cáncer, que la mayoría de las personas relacionan con muerte, dolor, miedo, desesperanza, incertidumbre, incapacidad y alteración de la vida cotidiana. Tiene como menciona Alonso & Bastos (2011), “el peso de ser un estigma social”.

El trabajo del psicólogo representa un apoyo personal, individual e íntimo que no es posible crear en terapias grupales o en el tratamiento con la familia, ya que se acompaña desde el diagnóstico, los tratamientos, remisión, recidiva (cuando la enfermedad regresa después de varios meses), pacientes en fase terminal, etc.
El acompañamiento psicológico con el paciente que asiste por atención psicológica o es remitido por alguna instancia de salud, es duradera y en muchas ocasiones se crea una alianza terapéutica tan fuerte que incluso después de que el tratamiento ha concluido (esto es cuando se logra una aceptación de la enfermedad y adaptación a la misma), se le ofrece al paciente la oportunidad de retomar la terapia si en algún momento así lo decidiera crea, además, una consciencia de salud mental, expresada quizá en la confianza y la necesidad de expresar sus emociones después de haber vivido una experiencia tan fuerte y haber sobrevivido a ella o en ocasiones propiciar un cierre adecuado con familiares y con el paciente, cuando ha sido impuesto por la progresión de la enfermedad que ha supuesto la muerte de la persona.

Bibliografía

Alonso, C., & Bastos, A. (2011). Intervención psicológica en personas con cáncer. Clínica Contemporánea, 187-207.
Barreto, M., & Bayés, R. (1990). El psicólogo ante el enfermo en situación terminal. Secretariado de Publicaciones e Intercambio Científico, 169-180.
Llantá, M., Grau, J., & Massip, C. (s.f.). La psicología de la salud y la lucha contra el cáncer.


Elaborò:




¿Cómo saber si estoy viviendo un duelo complicado?


Existen innumerables documentos, test o cuestionarios que hablan y ofrecen una explicación sobre lo que es o no un duelo, hablar sobre la normalidad del duelo va de acuerdo a estudios realizados a lo largo del tiempo y se ha establecido un proceso que establece una sintomatología  que todos deben o pueden presentar ante un duelo. A continuación se proporcionan los más destacados:

·       -  La sensación de ahogo.
·       -  La falta de ilusión.
·         -Agotamiento.
·       -  Hipersomnia o insomnio.
·      -   Síntomas somáticos.

Este proceso involucra dos cosas principalmente, tiempo y decisión. El duelo conlleva paciencia, no existe un tiempo exacto para su resolución, implica decisión, voluntad y movimiento.
Es importante aclarar que el duelo no es una enfermedad que tiene una receta para su cura o simplemente “depresión”, como comúnmente se cataloga. Va más allá de un tratamiento médico; es necesario un tratamiento general de mente y cuerpo y sobre todo de apoyo.
Las diferencias del duelo normal y el duelo complicado, radican en la intensidad y duración de los síntomas. Además este tipo de duelo complicado suele aparecer “tardíamente” lo que significa que puede presentarse algunas semanas o meses después del fallecimiento.
Un aspecto más significante es la negación de la muerte. Este mecanismo de defensa no permite que la persona llegue al nivel de la aceptación de la muerte, lo que en el proceso “normal” es la etapa final y lo que nos confirmaría que el duelo está terminado. En un duelo complicado la persona puede vivir en ese “limbo” en donde se estanca y es ahí donde se debe tener en especial cuidado por la salud del doliente.
La importancia de un diagnóstico correcto radica en que el duelo normal no requiere terapia (aunque se puede acudir a ella si así lo necesita la persona), mientras que el duelo patológico sí


(por la propia dificultad de sobrellevar el proceso de duelo, en este caso es necesario y vital que se acuda con un especialista).

Bibliografía


Díaz, P; Losantos, S; Pastor, P. (2014) Guía de duelo adulto: Para profesionales socio-sanitarios. Fundación Mario Losantos del Campo. Madrid. España. 


Elaborò:

Cáncer y Sexualidad en Mujeres.


Como se sabe el diagnóstico de cáncer no solo afecta a hombres y mujeres con respecto al dolor, la posibilidad de mutilaciones al cuerpo, la muerte, tristeza, preocupación, enojo o culpa por la naturaleza del propio padecimiento., si no, que expresa también el malestar simbólico con respecto a nuestra posición en el mundo y la propia existencia.
Desde la sexualidad y el género socialmente cada uno de nosotros representamos un papel ya sea el de hombre o mujer, femenino o masculino, homosexual, lesbiana, altos o bajos, gordos o flacos; todos inmersos en lo que cada uno debe ser y hacer de acuerdo a su sexo.
Esta marca social nos viene heredada de una generación a otra y todos los estatutos son marcados y establecidos por cada sociedad. En México, estos cánones de comportamiento se han mantenido estáticos por mucho tiempo, siendo el machismo predominante de la creación y hasta cierto punto, dominio del cuerpo. Se establecen de esta forma dinámicas que deben seguir las mujeres en este caso, ser madres, criar a los hijos, cuidarlos y no desentender el deseo del hombre, esposo o amante. Ser y mantenerse bonita a pesar de los años y el cansancio, resistir y luchar por una familia hasta la última consecuencia.
A partir de todas estas exigencias, las mujeres han adoptado la postura que se les ha impuesto, vario tiempo atrás, pero, ¿Qué sucede cuando una mujer es diagnosticada con una enfermedad que posiblemente mutile ese cuerpo al que se le han adjudicado muchos usos? (tanto sexuales como “maternales”). La respuesta es devastadora, por supuesto, en el acompañamiento de la enfermedad las mujeres deben reconstruir su imagen, el significado que se da a “ser mujer”, y por ella pasan miles de preguntas que quizá no tengan respuesta.

Si bien la enfermedad por sí sola produce un impacto, como ya se mencionó, en un ser humano; quizá para las mujeres ante el cáncer ginecológico o de mama saben y reconocen que su cuerpo cambiará de una u otra forma, así van cayendo uno a uno los estereotipos que por mucho tiempo en su vida defendió, la feminidad, la insólita idea de dejar de ser…mujer.


Se concluye que el cáncer y sus tratamientos producen múltiples pérdidas que generan procesos de duelo en diversas dimensiones de la vida de quien lo padece. El duelo, como trabajo psíquico de elaboración, permite ante la enfermedad la reconstrucción afectiva y la resignificación de la vida; en algunos casos, sin embargo, la mujer se detiene en el dolor por lo perdido, lo que le impide situarse de una nueva forma ante sí misma y frente al otro; visto de esta manera, el duelo es una elección que se plantea entre el dolor- como forma de no renunciar a lo perdido- o una nueva posición subjetiva que sea compatible con la vida.


Bibliografía.
Díaz, V. (2010). Sexualidad, cuerpo y duelo: experiencia clínica con mujeres diagnosticadas con 
cáncer ginecológico o de mama. Pensamiento Psicológico. Pp. 155-160. 







elaborò: